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La gran noche.

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-"It's such a sad old feeling the fields are soft and green it's memories that I'm stelaing but you're innocent when you dream when you dream you're innocent when you dream". Innocent when you dream. Tom Waits. Se sienta a la mesa con la elegancia de una princesa, con la majestuosidad de alguien conocedor de que hoy es su día, su gran día. El mantel muestra sobre él unos sencillos cubiertos, ella los observa y puedo descubrir en sus ojos la impaciencia. Nunca cultivó esa virtud. Lleva el pelo corto, muy corto. Sabe que me encanta ver cómo su larga melena cubre sus hombros y sonríe cuando siento en mis manos el delicado cosquilleo que me produce cuando se lo retiro de su cuello. Aun con el cabello cortado está guapa, muy guapa, tanto como un pájaro enjaulado que trina cada mañana. Se acomoda las pulseras en sus muñecas y el tintineo que producen rompe la solemnidad del lugar. Ella sonríe y busca mi mirada, cómplice entre todas las demás, para que le devuelv...

Is good?

Imagina por un momento que estás buscando trabajo. Imagina que un amigo, un amigo de esos de verdad, de los de con "a" mayúscula te dice que conoce a una chica que tiene un contacto en una empresa en la que buscan trabajadores, trabajadores con un perfil como el tuyo. El contacto que te dan te advierte que al principio las condiciones de trabajo son duras; poco dinero y bastantes horas extras no remuneradas, pero merece la pena. Tú, desempleado y con, no el agua, si no el barro al cuello, no lo piensas mucho y le pides el teléfono de ese contacto. Hablas con el contacto, un tipo muy amable que te dice que si, que hay trabajo, pero que es en Melbourne. ¿No podría ser en un lugar más lejano? es lo primero que le dices con ironía. Él te contesta que entiende que es lejos, pero merece la pena. Vuelves a oir eso de que hay muchas posibilidades de ascender, que el ambiente en la empresa es bueno, de que incluso hay quienes han ido allí y se han quedado a vivir, se han casado, han h...

Nanorrelatos.

Acabada la sesión la masajista coloca los miembros amputados en bolsas de plástico. El veneno de la sopa le supo diferente. La prostituta tiene un deja vu. Entre las exigencias de los terroristas se encontraba un unicornio. La broma deja de tener gracia cuando el cadáver comienza a descomponerse. Las caricias de su madre le producen una dolorosa urticaria. Tras el chiste contado por el reo el pelotón de fusilamiento no puede contener las lágrimas. La paciencia del verdugo tuvo un límite. Aquella mañana la tarde de domingo cayó en lunes. Besa su mejilla y le susurra amor eterno. Él se lo cree. Se muerde la lengua, le gusta el sabor y continúa hasta el final. La sangre del tiroteo dibujaba sobre la pared la constelación de Orión. Sobre la hierba los dos cadáveres se miraban como un par de enamorados. Devoró sus ojos color avellana derramando sobre ellos chocolate, una fina cobertura de oblea y crocanti. Al salir del túnel el GPS sólo le indica el camino más corto al infierno. Entre los e...

No a la imprenta.

La SGAE (Sociedad General de Artesanos Escribas) quiere poner en conocimiento del público su creciente preocupación sobre el panorama actual de la litreratura. Desde siempre el mundo la literatura se ha difundido gracias al laborioso trabajo de los escribas que, con su buen hacer y pericia en la escritura, copian las obras de los autores para que reyes, nobles, ricos empresarios y todo aquel que pueda pagar el precio de un libro escrito a mano por uno de los frailes o copistas que trabajan en nuestra sociedad, disfrute con la lectura . De cada obra vendida guardamos un tres por ciento para el autor que, llegado el momento, le abonamos cada vez que nos visita. Es por ello que la copia controlada de sus textos es el mejor método para que el artista pueda vivir, con ese tres por ciento, de su trabajo. Los libros que entregamos van acompañados de una lujosa encuadernación, papel grueso que asegura su duración y un prólogo escrito por el abad del monasterio en el que se ha realizado la co...

La última pregunta. (Cuarta parte)

Primera parte. Segunda parte. Tercera parte. Sólo dos preguntas. La capucha que cubría la cabeza de Ismael escondía una mordaza que mantenía prisioneros a sus labios. Llevaba en esa situación tanto tiempo que no podia saber si era de día o de noche. No tenía referencia alguna sobre dónde se encontraba ni tan siquiera sabía si frente a él había alguien en ese mismo momento. Oyó cómo una puerta se abría y cómo alguien se le iba acercando. El ruido de sus zapatos rompía el atronador silencio que llevaba horas escuchando e incluso el carraspeo que hacía el desconocido mientras andaba le resultaba agradable. Dani comprobaba que todo aquello que había pedido estaba en su sitio. El preso atado, amordazado y con la capucha en la silla. Frente a él la mesa con la maleta y una segunda silla en la que poder sentarse. El torturador quería que el preso supiera que él ya había llegado. Se sentó en la silla y comenzó su discurso. -"Estoy aquí para obtener información y tú estás aquí para dármela...

La última pregunta. (Tercera parte)

Primera parte. Segunda parte. Pura rutina. Era otro curso rutinario, otro curso de esos en los que el temario era leído por un superior y en el que nadie hacía preguntas una vez terminado. Algunos soldados que se encontraban en la sala doblaban las fotocopias que habían recibido haciendo de ellas un cilindro, otros habían llenado las páginas de dibujos. Así de tediosas resultaban estas clases. El general había terminado de leer lel texto y todos asentían afirmando haber comprendido el temario. Un cuestionario con cinco preguntas fue repartido entre los alumnos por el secretario el general. Era todo una farsa, a nadie le importaba si los soldados habían aprendido algo o nada en el curso, tan sólo quería sus firmas en un impreso rosa que aseguraba que habían sido adiestrados. Una vez recogieron los cuestionarios el general se levantó de su mesa y continuó con el curso pese a que todos lo daban ya por finalizado. -"Durante estos meses os hemos enseñado a sobrevivir en estados extremo...

La última pregunta. (Segunda parte)

Primera parte. Frente a la ciento quince. Uno, uno, cinco. Estos eran los números que se mostraban en la puerta que Dani visitaba cada vez que entraba en el edificio. Frente a ella había un médico que revisaba unas notas en su cuaderno. SIn levantar la cabeza el médico miró por encima de sus gafas al visitante. Su cara no pudo ocultar un gesto de molestia que el éste percibió. -"Buenas tardes doctor" dijo Dani con una excesiva amabilidad mientras le ofrecía su mano. El médico bajó la mirada y siguió con leyendo sus notas sin soltar sus manos del cuaderno. -"Puede pasar, el paciente está ya estable para su..., ejem, para su interrogatorio". -"En realidad no voy a interrogarle, pero eso ya lo sabe ¿verdad doctor?". Dani sabía de la hostilidad del médico hacia él, por eso prefería tomar la iniciativa en el ataque mostrando sus cartas. -"Prefiero no saber lo que va a hacer con el paciente, hasta donde a mí me corresponde le he curado de sus heridas y ahor...