miércoles, 27 de octubre de 2010

La última pregunta. (Tercera parte)

Primera parte.
Segunda parte.


Pura rutina.

Era otro curso rutinario, otro curso de esos en los que el temario era leído por un superior y en el que nadie hacía preguntas una vez terminado. Algunos soldados que se encontraban en la sala doblaban las fotocopias que habían recibido haciendo de ellas un cilindro, otros habían llenado las páginas de dibujos. Así de tediosas resultaban estas clases. El general había terminado de leer lel texto y todos asentían afirmando haber comprendido el temario. Un cuestionario con cinco preguntas fue repartido entre los alumnos por el secretario el general. Era todo una farsa, a nadie le importaba si los soldados habían aprendido algo o nada en el curso, tan sólo quería sus firmas en un impreso rosa que aseguraba que habían sido adiestrados. Una vez recogieron los cuestionarios el general se levantó de su mesa y continuó con el curso pese a que todos lo daban ya por finalizado.

-"Durante estos meses os hemos enseñado a sobrevivir en estados extremos. Os hemos enseñado a usar vuestras armas, e incluso a convertir cualquier objeto que os rodea en un arma. Sabéis qué hacer si os quedáis sin agua, si os encontráis solos frente a una patrulla enemiga. Conocéis los puntos críticos de un terreno llano, si os encontráis en el desierto, en una montaña e incluso sabéis qué hacer si combatís bajo el agua. Os hemos enseñado a sobrevivir, a luchar por vuestra vida, vencer y volver a salvo a casa. Pero este curso es especial, en este curso os hemos enseñado algo distinto. Si el enemigo os captura lo más seguro es que quiera sacar información de vosotros, y lo hará usando el método más eficaz, y ése es la tortura. Que os torturen es la última batalla que libraréis, porque no os engañéis, de una tortura nadie, al menos en esta guerra, sale con vida. Por eso sólo os queda una salida, morir lo antes posible y con el menor dolor. Olvidáos de este temario que os acabo de leer. Olvidáos de buscar un punto en común con el torturador para que éste cese con la tortura, olvidaos de los juegos psicológicos. Olvidaos de todo eso. Cuando os encontréis frente a él, cuando empiece el dolor y las preguntas sólo os podrá ayudar una cosa, una sola cosa; buscar un refugio en vuestra mente en el que os sintáis a salvo, un lugar en el que el dolor apenas llegue. Y sabed que no os salvará de morir, tan sólo os salvará del dolor".

En la segunda fila de asientos Ismael escuchó al general y sintió en su cuerpo la angustia de aquel que sabe cuál será su futuro.

Continuará.

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