sábado 5 de diciembre de 2009
La gripe A no es para tanto, una patada en las pelotas duele mas.
El caso es que tengo fiebre, el pulso alto y la tensión disparada, pero por lo demás nada del otro jueves; un gripazo en toda regla. Llevaba días con dolor muscular, pero como soy muy machote seguía yendo al trabajo, el sábado me dolía la cabeza tanto que casi me saco el cerebro por la nariz y lo meto en agua fría. Cuando voy a Burgos un fin de semana suelo tener un día de malestar cerebral porque mi madre, a la que quiero mas que a nadie en el mundo, me ponen la cabeza como un bombo de feria. No se si es por el tono, el parloteo continuo que sale de sus labios, o porque soy incapaza de seguir su conversación, pero cuando terminamos de comer me siento con ella en la sala de estar y rezo para que ese día no esté especialmente parlanchina. La culpa la tiene mi padre que desde que se jubiló se ha vuelto más callado y apocado obligando a mi madre a retener sus palabras como una presa retiene el agua y a soltarlas cuando unos oídos familiares están cerca como... bueno, como una presa rota suelta el agua.
Pero me desvío del tema. El caso es que el sábado me dolía la cabeza y el domingo ya estaba bien, lo que en un tío significa que ya estoy curado de toda enfermedad y que no tengo que ir al médico porque mi inacción ha sido más útil que los consejos de alguien que ha estudiado diez años de carrera. Así que los dos paracetamoles que me tomé en cuarenta y ocho horas no fueron suficientes para que el martes por la tarde me tuviera que ir del trabajo a urgencias con 38,5 de fiebre. A mi lo de la gripe A me parece una estafa farmacéutica porque mi progresión ha sido la siguiente;
Sábado dolor de cabeza
Domingo dolor muscular
Lunes nada, para que luego digan que es el peor día de la semana.
Martes, fiebre y taquicardias, pero soportable
Miércoles, picos de fiebre y cansancio.
Jueves, más cansancio que ningún día pero sin fiebre. Paradojas.
Viernes, sábado, domingo y lunes, mocos, mocos a todas horas. Mencionad un tono de verde y seguro que entre algunos de los pañuelos que tengo en la papelera habrá un moco con ese color.
Es decir, que esto es una gripe de las de toda la vida, aunque en esta ocasión ha diferido en un detalle, en un matiz. Cierto que esta es la Gripe A, pero A de Amor.
El jueves fui a mi médica, o médico, que nunca me queda muy claro estas cosas. Me cambié del médico que tenía a otro porque me hacía esperar tres horas para atenderme. La doctora que tengo en estos momentos me gusta. Es agradable pero no maja, escueta pero no parca, directa pero no fría; estos son valores que aprecio en un profesional de la medicina. El caso es que cuando entré en consulta la doctora de unos cincuenta y tantos años largos se había convertido en una pelirroja con gafas y camiseta con escote de puntilla un poco inapropiado. Pero guapa, con esa cara de estudiante que se acaba de levantar para estudiar un poco antes del examen. Me examina, le cuento mi vida, mi vida de griposo claro, y me marcho, pero antes de hacerlo pongo a prueba un truco que aprendí hace tiempo y que aunque no siempre funciona, suele ser un gran indicador.
Cuando fumaba Ducados era complicado encontrar una chica que compartiera esa afición por la marca negra de tabaco, pero cuando hablaba con una chica en un momento dado me decía -"¿Me das un Ducados, a ver qué tal está?" el cien por cien de las veces significaba que todo iba bien, bien, bien. Pero como ahora no fumo la técnica varía a, cuando abandonas una conversación con una chica, o ella se va un momento al baño, a la barra o a donde sea, me gusta en ese instante mantener la mirada en sus ojos. Si hay reciprocidad en la misma vamos bien. Esto no funciona tan bien como lo de los cigarros, pero bueno, todo sea por la salud.
Mientras abandono la consulta veo que ella me sonríe al darle yo las gracias y cuando me giro para cerrar la puerta por fuera ella mientras se acerca al megáfono para llamar al siguiente levanta la mirada, la miro, cierro y ella sigue mirándome. No está mal para alguien con 37,5 de fiebre.
El viernes por la mañana aprovecho para ir a la caja y recoger mi tarjeta de crédito. Es la caja donde tengo la hipoteca y aunque la tengo a cien metros de casa llevo dos meses sin ir a por ella porque soy un vago redomado. Me acerco al mostrador y una chica con acento me atiende. Solicito mi tarjeta y oh! sorpresa, no sólo encuentra en un cajetín la tarjeta para repostar gasolina, pero no la de crédito porque ¡oh, sorpresa! mi apellido "del Hoyo" suele dar lugar a confusiones, así que sugiero que la busque en la D. Es como ir a una tienda de música y buscar a "La oreja de Van Gohg" en la L junto a Los Inhumanos y La dama se esconde. Mientras me da la segunda tarjeta que, efectivamente se encontraba allí le digo si es de Bilbao, cuando tiene un claro acento del sur, ella se ríe y hablamos del tiempo de Madrid, yo le cuento mis batallas sobre el clima de Burgos y ambos reímos las anécdotas del otro. En un momento dado toso y ella me dice -"¿No será gripe A, verdad"?, le respondo que no y me da pena mentirla tan pronto. -"Sólo he tenido desde que vivo en Madrid una vez gripe y lo único bueno que tuvo fue que perdí cinco kilos" me dice ella con una risilla nerviosa. Tengo que matizar que ese día me compré un jersey y una chaqueta nueva y cuando llevo algo recién comprado, no me digáis porqué, me siento especialmente elegante y guapo. Me acerco un poco más al mostrador y le digo -"¿Perdiste cinco kilos y te quedaste como estás ahora o como estás ahora además perdiste cinco kilos?", un poco abrumaba ante la frase y tras unos segundos responde, -"Como estaba ahora perdí cinco kilos, luego los recuperé", -"Ah, vale" matizo con falsa preocupación, -"Porque no deberías perder más peso, ya estás muy bien como se te ve ahora". Sonríe pero sin reírse y busca mi tarjeta de crédito en el cajetín, la levanto entre mis dedos indicándola que ya me la había dado y ella sonríe por el despiste. Firmo todos los papeles y me despido.
-"Que pases un buen día y vuelve cuando quieras" me dice ella mientras recoge los papeles con mis firmas, -"Tengo veinticinco años de hipoteca en los que seguro que volveré".
No la miro a los ojos cuando cierro la puerta.
miércoles 18 de noviembre de 2009
Me punza una bola.
Muchas veces he pensado que cuando tengo estos dolores de cabeza desearía meter mi cerebro en agua fría, acaricarlo, rasparlo y volver a meterlo en la cabeza limpio y fresco. Me duelen los ojos, me cuesta prestar atención a lo que estoy haciendo y tal vez debiera acostarme y dejarlo. No lo hago. Sujeto el taladro con la mano derecha, la izquierda sigue marcando el punto que ha de romper. Hago girar la broca un par de veces en ráfagas cortas y compruebo que el ruido de un taladro es proporcional al nivel de destrucción. Odio los ruidos, y más cuando me duele la cabeza. Es un buen signo, cuando algo me produce dolor es porque el dolor anterior va a desaparecer. Dejo la broca caer sobre el dedo que señala el punto crítico, retiro el dedo, aprieto el gatillo del taladro y el taladro comienza a taladrar.
De mi cabeza salen dos bebés sin cordón umbilical, tres amigos con cervezas tibias, un brazalete de diamantes falsos y un átomo recién dividido. Dejo todas esas cosas sobre la mesa y me llama la atención que no haya sangrado en absoluto. Sigo mareado y con dolor de cabeza, así que sigo taladrando. En la segunda tanda no sale nada vivo, sólo cosas muertas. Un gato muerto, una rana muerta, dos elefantes muertos y varios ataúdes que supongo serán para las cosas vivas que quedan dentro y que llevan su nombre en ellos. Ya no tengo dolor y aunque no siento ese frescor que desearía en el cerebro, al menos no siento esas naúseas que sufría antes. Intento colocar todo lo que he sacado en el trastero, pero los elefantes muertos no caben, y uno de ellos comienza a resucitar. Los echo a la calle. El resto de las cosas las guardo en un cajón.
Ojalá hubiera hecho esto antes, en realidad no es tan difícil descubrir que cuando llenas la cabeza de cosas que pesan y son inútiles ésta sufre. Lo malo es que ahora estoy estreñido, y no se si tengo una broca adecuada para ello
jueves 12 de noviembre de 2009
Prohibido prohibir 7/7 Primera parte
Capítulo primero; Cómo definirme con tres palabras.
Hace tiempo una chica me dijo que de cinco fotos que le había enseñado de mí, en cada una de ellas parecía una persona distinta; una con pelo largo, otra al cero, otra con perilla, otra con traje y corbata y la última en bañador. -"Si me hubieras dicho que eran cinco personas distintas me lo habría creído". Me sentí halagado por esas palabras ya que siempre he deseado, ante cualquier otra cosa, no ser convencional. Creo que lo he heredado de mi padre, aquel que fumaba Rex y se compró un vídeo 2000 por ir contracorriente.
Y soy vanidoso, porque me encanta hacer test de inteligencia y leer en el resultado "C.I. ALTO o MUY ALTO". Aunque la inteligencia no tenga que ver con ser listo ya que tengo la capacidad de abstraerme y despistarme con cualquier cosa equivalente a la de un niño de dos años. Imagino cosas, historias, personajes. Incluso cuando de pequeño jugaba con una Game & Watch de Mario Bros. me imaginaba los diálogos de los personajes y sus confilctos e historias dentro del juego. Divago mucho, pero soy inteligente, que no os engañe.
Ser vago es una virtud y si os hacen creer lo contrario os están engañando, hacedme caso, soy inteligente. La administración de rige por la ley del mínimo esfuerzo, la naturaleza se ordena por normas no escritas que cumplen esa casi doctrina. Observad el curso de un río y veréis que éste discurre por donde el agua se filtra con más facilidad, por donde pasean las dos moléculas de hidrógeno y el oxígeno alegres y cómodas como un trío perfecto y vital. El propio cuerpo humano sigue esa norma economizando sus energías. No amigos, la vagancia, que no laxatud, es necesaria y útil. Llegad a casa y quitáos la camisa con el jersey a la vez mientras os descalzáis. Optimizar recursos y aprovechar los descansos durmiendo hasta tan tarde como se pueda. Soy vago, y hago las cosas sólo cuando no puedo evitar el no hacerlas. No me va mal así.
Si juntáis estas tres características; rebelde, vanidoso y vago, tendréis a alguien que se parece mucho a mi. Alguien que lucharía por lograr lo que desea si no fuera porque le da pereza hacerlo pero como de vez en cuando le gusta exibirse suele hacer acopio de energías y, por ejemplo, escribir para ver aplausos pintados en cristales de plástico.
De todas formas no os preocupéis, no usaré mis poderes para el mal. Aunque para eso antes alguien tendría que explicarme qué es el mal. Al final va a resultar que es cierto que no soy listo.
jueves 5 de noviembre de 2009
Un final feliz; Sofi dixit.
Algo hago mal, estoy segura de ello. En una ocasión alguien me dijo que soy una chica de la que es fácil enamorarse. -"Puede ser", respondí, "pero también soy una chica de la que uno no debería enamorarse". Al fin y al cabo ¿existe una estadística más pobre que la de las relaciones sentimentales? De todas mis parejas el 100% ha sido un desastre. Si entendemos como desestre que el no hayan finalizado hasta que la muerte, la de cualquiera de los dos, nos separe. -
"Y yo os declaro marido y mujer hasta que la muerte os separe"
- "LO SIENTO, PERO VENGO A SEPARAROS"
- "No puede ser, ¿tan pronto?, el amor es eterno, ¿tendré amor en el mas allá?"
- "PODRÍA SER, NO TENGO DATOS SOBRE LAS CARACTERÍSTICAS DEL MAS ALLÁ. LO QUE TE PUEDO DECIR ES QUE YA NO TENDRÁS QUE PENSAR EN LOS REGALOS DE ANIVERSARIO"
- "Me gustaría que mi epitafio pusiera "Esto si que es trasnochar", me haría mucha ilusión"
- "LO SIENTO, NO PUEDO AYUDARTE"
- "¿Y qué es lo que hace la gente que muere enamorada?"
- "ALGUNOS SE ALEGRAN PORQUE ESA SEMANA LES TOCABA LIMPIAR LA CASA" *
Hace no mucho fui a una boda, para la cual tuve que ponerme un vestido, para que luego haya quien piense que no tengo, y al novio le hicimos una apuesta, o mejor dicho, dos apuestas. La primera fue si era capaz de cambiar una palabra. En vez de decir -"Prometo amarte y respetarte hasta que la muerte nos separe", tenía que decir -"Prometo amarte y respetarte hasta que (TU) muerte nos separe". Y la segunda apuesta fue que cuando el cura le dijera "¿Quieres a Lucía como esposa?" por cada segundo que estuviera callado tras esa pregunta, y sin moverse, le dábamos 30 euros. Para la primera apuesta no hubo huevos. Al final de la boda fue 150 euros más rico. Pero los 5 segundos de silencio no fueron tan eternos para mi como lo fueron para los novios.
Un chico, que una vez me dejó, y luego yo le dejé a él, para que luego él me dejara de nuevo (soy de las que no escarmientan) dijo que sólo sabremos cuándo una persona ha sido "el amor verdadero" cuando al finalizar nuestra vida la veamos a nuestro lado y pensemos -"si, fue él" Claro, esta solución final no ayuda mucho en el día a día, es un consuelo barato, o al menos un consuelo con opción a devolución a los 15 días, no acumulable con otras ofertas y disponible hasta fin de existencias. Pero es un consuelo al fin y al cabo.
Un baúl vacío no se puede ordenar, es cierto, y así es mi vida sentimental, pero sí que puedes decidir en qué lugar de la casa poner ese mueble. Y ahora ese mueble está donde debería estar hace mucho tiempo. Ayer vinieron los de Reto a por él. No sale muy caro, siete euros y le dije adiós mientras se lo llevaban en volandas cinco pisos, y sin ascensor. Me daba una pereza terrible bajar con mi vida sentimental cinco pisos. Pesaba mucho y no es un gracioso baúl con cientos de patitas **. Cuando tenía que limpiar mi habitación era curioso ver cómo era el mueble que más polvo absorvía, es como una televisión, el mejor purificador de aire porque todo el polvo acaba bajo la tele. Y como mi vida sentimental pesaba mucho no podía moverlo bien para quitar el polvo que había a sus pies. Una vez metí en el baúl algunas prendas que tenía en casa. Prendas, llaveros, regalos y objetos varios que tenía desperdigados sin saber bien dónde ubicarlos. Los introduje con la esperanza de que allí estuvieran recogidos y ordenados. Y bueno, básicamente porque cuando una guarda cosas lo hace para
a) Encontrarlas cuando las busque
b) no molesten a las cosas realmente últiles.
Las cosas que guardé en mi vida sentimental pertenecían a la opción c), es decir; aquellas que no se encuentran ni en a) ni en b). El regalo de aquel chico en nuestro aniversario, la entrada de cine al que fui aquella vez, trescientos cincienta y seis "te quieros" del mes de agosto del 2001. A todo eso le he dicho -"adiós" mientras un ex socio del club vip de las Barranquillas se lo llevaba en sus, en antaño seguro lo fueron, brazos. Una marca en la pared delimitando la periferia del baúl con un contorno de tabaco y sudor es el recuerdo que ahora tengo de él. Los primeros días dormí con relativa inquietud. Por lo general duermo bien, y con el sueño tan profundo como el desagüe del infierno. Mi hermana dice que hace tiempo que no intenta despertarme cuando me duermo en el sofá. Cuando empezamos a compartir piso me decía que en alguna ocasión pensó que mas que dormir lo que hago es morir durante ocho horas. No puedo decir que eche de menos al baúl pero..., ¿acaso no era mi maldito baúl con el que he convivido desde que Julio (un antiguo vecino del barrio) hiciera que me pusiera nerviosa cuando le veía por la calle? ¿Cuánto tiempo ha de pasar para que un recuerdo se convierta en... bueno, en eso, en un recuerdo? Lo necesario no siempre suele ser lo suficiente, por eso echo mano de sucios trucos para potenciar el tiempo de espera. Por ejemplo; fumar doscientos porros, beber "nunca es lo suficiente", bailar o al menos intentarlo, follar mucho (que luego me arrepiento de las veces que no he querido, cantar, pintar, aprender, escribir) y un par de cabezazos en la pared de "darmecabezazos". Todo eso ayuda a que un día descubra que he crecido un milímetro y que la angustia de paso a la mayor de las soledades. Justo donde quería estar.
Estar sola no es ningún problema para mi. Es lo bueno de vivir en Madrid, que una puede estar sola pero siempre poder salir a la calle y verse rodeado de gente. En ciertas ocasiones, como la línea uno de metro en Sol a las ocho de la mañana, esa acumulación de gente hace que de vez en cuando eches mano a la mochila buscando un machete, que siempre olvido, para abrirme paso. Pero por lo general es bastante soportable. Lo malo, horrible, terrible, nefasto y tremebundo es; sentirse sola. Contra eso no hay marihuana lo suficientemente potente que te ayude. Ahora por fín estoy sola. Creo que es el budismo el que trata de alcanzar la "nada" como sinónimo de perfección. Eso tiene sentido, una vez un chico me dijo que yo no soy nada para él, seguro que quiso decir que yo era "perfecta". Ahora que ya me he liberado de las cargas emocionales ¿qué me queda?. Pues no lo se, supongo que esperar, total, estas cosas que no se tienen que buscar, mas bien una se las encuentra. Y cuando la encuentre lo mas probable es que me pase por el Ikea a por un baúl nuevo, o que me pase por el Reto a ver si todavía tienen el que se llevaron. No se me ocurre cómo terminar esta historia. Supongo que la acabaré cuando "la muerte nos separe"

*Esto es un homenaje a Terry Pratchett
** Esto también.
lunes 2 de noviembre de 2009
Siempre quise ser un robot.
martes 27 de octubre de 2009
Veinticuatro mas una.
Quién sabe si por el entusiasmo que pudo contagiar mi padre al funcionario éste en vez de poner la fecha del año en curso, resbaló trescientos sesenta y cinco días en el futuro y puso en el padrón del ayuntamiento como mi fecha de nacimiento el año venidero. Mientras a mis amigos le llegaba la carta para tallarse por el servicio militar, mi buzón de correos estaba huérfano de cartas caqui y tuve que personarme en el Gobierno Militar para ser informado de que a mi todavía me faltaba un año. Este error duró dieciocho años.
De pequeño siempre quise tener D.N.I. Supongo que era porque con mis catorce años estaban de moda esas carteras de cierre de velcro y, quitando el carné del club Superlópez (juro que lo tenía) y el del club Converse (no se qué hacía con yo con él), apenas podía lucir en mi cartera, marca Mistral, ninguna tarjeta llamativa. Cuando me hice por vez primera el documento nacional de identidad estaba muy emocionado y cuál fue mi sorpresa al ver que habían puesto mi fecha de
nacimiento tres días antes. A mi madre este error le hace ilusión porque de este modo nuestros días de nacimiento coinciden. Por lo visto fue error mío, o al menos eso fue lo que el funcionario me indicó cuando le señalé el error. -"Tienes que hacer un escrito o si quieres cuando te lo renueves pones la fecha correcta y listo" Diecisiete años depués sigo sin poder cambiar la fecha en las renovaciones. Este error lleva durando diecisiete años.
Hace unos meses me llamaron del banco que gestionaba mi hipoteca para pedirme los datos de mi fecha de nacimiento. Sorprendido les dije que esa fecha ya la había dado al abrirme la cuenta y ella respondió que por algún motivo la pusieron mal en el ordenador y quien estudia mi hipoteca ha visto que la fecha de nacimiento que tienen registrada es la de 1900. Supongo que 1900 después de Cristo, aunque quién sabe.
Todo este baile de fechas hace que en ocasiones dude sobre mi fecha de nacimiento y ya no sepa si fue un día antes o después de una año antes o después, y si mis apellidos son los correctos o no.
Aunque siempre me queda claro que alguien tan vago como tendría que haber nacido un día de veinticinco horas, porque las veinticuatro estándar se le quedan cortas para todo lo poco que tengo que hacer al cabo del día.
martes 20 de octubre de 2009
En las mejores pantallas.
Pero ahora ya me encuentro en mi nuevo lar, mi casa, mi castillo. Y tengo la penosa tarea de amueblarla, hablar con fontaneros, albañiles, mirar catálogos y demás cosas que, si bien me encanta hacerlo, conlleva una responsabilidad y atención. Por ejemplo, no compres un frigorífico grande si el sitio que tienes para ponerlo es cinco centímetros más pequeño. Detalles sin importancia.
El caso es que dedico tiempo al blog, más del que parece, pero ahora lo disperso de una manera distinta que me impide actualizar con un post semanal. Por eso os mando un adelanto de lo que serán las próximas publicaciones;
Volveré con los pecados, esa lista inconclusa de temas prohibidos del blog y que tendréis el placer de ver concluída.
Historias de amores, desamores y catarsis.
Los electrodomésticos y su apasionante y complejo funcionamiento.
Una petición para cicerones catalanes.
Y una sorpresa sorprendente y sorpresiva.
Todo esto y mucho más....



