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Volvemos en septiembre, gracias por su colaboración.

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Llevo un tiempo, casi dos meses, en los que escribir para el blog me resulta complicado, no por tiempo, que de eso me sobra, si no porque me cuesta escribir. Ideas no me faltan; quiero terminar la historia de Bella, que ya tengo en la mente pero he de materializarla en palabras. Quiero contaros la anécdota de un gran amigo, Jose Andrés, anécdota que uso para romper el hielo en muchas situaciones. Quiero hacer un repaso por el mundo de los grupos de música de "pachanga y verbena" desde el más profundo respeto. Quiero contaros una historia sobre un general y su ejército de plástico. Puede ser por eso que me cueste menos actualizar el otro blog , que requiere menos darle al teclado pero sí más patearme las calles de Madrid para buscar imágenes curiosas. Una vez me dijeron que jamás empezara un párrafo con una conjunción, es por eso que no he empezado este párrafo con un -"Pero me siento vago o disperso para contar todas esas historias ahora, así que voy a tomarme este mes...

A Saramago.

En ocasiones conocemos a gente de las que nos llevamos muchas cosas con nosotros. Aprendemos de sus maneras, de su cadencia al hablar, escribir o moverse. Imitamos o hacemos nuestras sus manías y fobias, empatizamos con sus anhelos y, sin saber en qué momento sucede, un prisma de nuestra personalidad, como si la faceta de un diamante se tratara, se talla a su imagen; a la imagen de esa persona. Conozco a mucha gente y pese a que me cueste un poco labrar amistades, soy ligeramente tímido, siempre aprendo algo de quienes me rodean. Pero la gente que más me suele fascinar es de aquella de la que aún no sé que tengo que aprender y aún así sé que algo me ofrecen. Es como un caramelo oculto, como un incentivo que persigo pero no soy capaz de ver. Lo peor para un galgo en un canódromo sería perseguir a su liebre sin saber que hay una liebre. Hace unos días un amigo dejó un mensaje en un post, un mensaje que me ha encantado y procedo a reproducir. Habla sobre poetas y rebeldes, escritores y es...

La hoguera.

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Mi deseo en palabras, las palabras sobrev un papel, todo frente a las llamas de la hoguera del santo. A mi lado un chico, de igual nombre que el del homenajeado me dijo -"¿Que has escrito en el papel?". Lancé mi deseo garabateado con una letra infantil a las llamas que consumen y se consumen. Miré al fuego retándolo, y respondí -"Que el papel no arda". Cenizas de deseos.

Rebeldes.

-"Los hombres vienen y van, pero la tierra permanece" Eclesiastés, 1, 4 Todavía quedan ciertos rituales del pasado que los ancianos se empeñan en mantener y los jóvenes, que nunca interiorizarán el por qué de estos caprichos, ejecutan más por obligación que por placer. Cash es un joven que recién a comenzado a trabajar en la mina y pese a su inexperiencia comprende que, ante todo, está la obligación que ha contraído con su comunidad por el simple hecho de nacer, por el simple hecho de existir. Una obligación que le lleva a realizar los rituales del día de la Liberación como el resto de sus hermanos. En la mina el trabajo es monótono y sencillo, dos cualidades que a Cash le producen una inmensa tranquilidad; saber que cada día, al inicio de su jornada se encontrará justo lo que él espera que suceda, porque es lo mismo que hizo ayer y antes de ayer, le conforta. No hay sorpresas, no hay traumas, no hay conflictos en su labor. Llevan ya dos horas de jornada y Cash ya ha empezad...

Bella.

Capítulo uno Las amigas de Bella. Le gustaba cerrar el pequeño estuche de maquillaje con el pulgar y hundir con firmeza el cierre metálico que mantiene el contenido a salvo del exterior. Le agrada ese gesto, le hace sentir con poder y misteriosa, como si el estuche custodiara en su interior un gran secreto al resto del mundo. Mira su reflejo en el espejo y comienza a hacer muecas, abre los ojos al máximo, los guiña, observa cómo las cremas de su cara, su colorete, la sombra de ojos y todo el maquillaje quedaba tal y como ella deseaba a cada gesto. Dió las últimas caladas al cigarrillo y lo arrojó por el retrete mientras pensaba que el olor a marihuana es el mejor complemento para un atuendo como el que llevaba. Botines negros de charol abiertos en el empiene, calzas negras y blancas rotas hasta el muslo que se esconden para incitar a descubrirse bajo una falda de gasa vaposora negra y con encaje. Una camisa blanca como la némesis de su falda se muestra truinfante hasta ceñirse bajo su ...

Pegado a ti.

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"Nunca podrás alcanzarme, aunque corras tras de mí y aunque quieras separte siempre iré junto a ti". Adivinanza popular Quiéreme, te lo exijo. Vivo pegado a tí, a tus pies, agarrado a las paredes en las que lloro y celebro tu quietud. Mi silencio es la muestra de mi respeto, tu movimiento la manifestación de mi tributo. Da igual las sedas que se derramen por tu piel, yo siempre lameré tu contorno, tu perfil. Te mostraré mi fuerza y mi grandeza si te vas, y mi timidez y sumisión si te acercas. Me crezco en tu distancia, empequeñezco si vas a besarme. Lo siento, soy así Cuando hablas distraído y estiras tu mano yo siempre la uno a la mía y sueño con que paseamos como dos amantes, como si fueramos un alma en dos cuerpos. Sé que no sientes el frío de mi tacto, la intangible suavidad de mi silueta. Tus palabras no me afectan, no esperes que pronuncie tu nombre, no lo merecemos. Las voces engañan a los dioses y a los hombres. Son las tretas que usa el amor para alargar su trampa. ...

Camino serpenteante.

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-"El mundo se derrumba y tú y yo nos enamoramos" Humphrey Bogart. Casablanca. Después. Reiko se incorporó del suelo y sintió la seda del kimono resbalando entre su piel. El tacto frío de esa tela la incomodaba pero le agradaba sentir cómo se iba adaptando a su piel a medida que se levantaba. Se llevó la mano al costado izquierdo, todavía le dolía un poco al respirar, pero la cabeza no le molestaba en absoluto. El té que se estaba filtrando por la madera del suelo todavía desprendía el aroma de las hojas recién cortadas. Ya incorporada reparó con lástima en la puerta de su aposento que se mostraba rota y partida. Habría que cambiarla del todo. Rozó con sus yemas el papel de arroz y calculó los costes de la reparación, demasiados para este año de malas cosechas, guerras y gente con hambre. Avanzó por el pasillo de su hogar mientras sus sandalias iban rozando las heridas recientes que mostraba la madera del suelo. Reiko no quiso mirarlas, su hogar adolecía de los males de estos...