miércoles, 30 de junio de 2010

A Saramago.

En ocasiones conocemos a gente de las que nos llevamos muchas cosas con nosotros. Aprendemos de sus maneras, de su cadencia al hablar, escribir o moverse. Imitamos o hacemos nuestras sus manías y fobias, empatizamos con sus anhelos y, sin saber en qué momento sucede, un prisma de nuestra personalidad, como si la faceta de un diamante se tratara, se talla a su imagen; a la imagen de esa persona.

Conozco a mucha gente y pese a que me cueste un poco labrar amistades, soy ligeramente tímido, siempre aprendo algo de quienes me rodean. Pero la gente que más me suele fascinar es de aquella de la que aún no sé que tengo que aprender y aún así sé que algo me ofrecen. Es como un caramelo oculto, como un incentivo que persigo pero no soy capaz de ver. Lo peor para un galgo en un canódromo sería perseguir a su liebre sin saber que hay una liebre.


Hace unos días un amigo dejó un mensaje en un post, un mensaje que me ha encantado y procedo a reproducir. Habla sobre poetas y rebeldes, escritores y escribas, combatientes que ganan batallas no luchando, perdedores que ganan batallas librándolas.

Este amigo sueña con fados interminables y pese a que siempre me recuerda que en una escala métrica que prefiero ni mentar soy menos que él, yo tengo a bien el gozar de más pelo en la cabeza (sabes que tú estás más calvo que yo) y la fortaleza de la juventud está también de mi lado. Pero esto no es más que la envidia que siento por sus otros dones, como es la de plasmar tan bien como él lo hace en letras la pasión que siente por todo aquello por lo que siente pasión.

Y este es un ejemplo de esas palabras que él sabe cruzar para que se muestren en unos párrafos que rinden tributo a Saramago.


A Saramago


Fue su sueño iberista, como el de Eça de Queiroz, Miguel Torga, Unamuno y tantos. Fue un escritor que nos invitaba siempre a cultivar el pensamiento y el raciocinio; combatiendo la mentira institucionalizada.

Resultó triste tener que haber nacido en Portugal, tal y como sentenciara en su único libro "Só" (Sólo) el escritor portugués António Nobre, máxime cuando una Iglesia iracunda se encarga secularmente de adiestrar a parroquias de estancas lecturas en orquestadas cruzadas bisoñas desde L'Osservatore Romano, órgano oficial del Vaticano y flema epistolar contra herejes y apostatas.

En los años setenta varias imágenes religiosas en Portugal lloraban lágrimas de sangre, después se supo que eran de cerdo...

En la última visita del Papa de Roma a Portugal, en Mayo pasado, sus explicaciones sobre el tercer misterio de Fátima nos sumió en mayor desconcierto por inconexo y absurdo en sus letanias. ¿Estaria chocha Lucía?.

La Iglesia en Portugal detenta un singular y arrogante poder a través de su empresa tapadera Santa Casa da Misericordia, dueña y señora de la Loteria Nacional, Bonoloto, Euromillones y un sinfín de juegos. Sin por ello remitir la pobreza en aquel país y, por contrario, destaparse escándalos en sus casas pías.

Fernando Pessoa era conocedor de todos estos males que acechan al hombre y quiso pasar desapercibido en vida, consciente de su gran potencial personal. Con su muerte se dio a descubrir, no antes. Así lo quiso.

La gran poetisa portuguesa Florbela Espanca, en su búsqueda y anhelos de verdades: "Quien pudiera encontrar el verso puro, el verso más altivo, extraño y duro que dijese, llorando, lo que siento", a su muerte de suicidio, siendo Princesa Desaliento, no encontró acomodo, pues en 1945, la Iglesia se pronuncia contra cualquier forma de homenaje y contra su obra, al ser tildada de mujer díscola e infiel y ser hija ilegítima además y, por ende, no poder merecer su obra la aprobación de la Iglesia. Trancurridos 20 años Dom Manuel, Arzobispo de Évora, consiente el traslado de sus restos con las ceremonias religiosas pertinentes, "puesto que se casó católicamente y tuvo un entierro religioso". Claro ignoraban, que el día 8 de diciembre, día de su 36 cumpleaños, se hallaron debajo de su almohada dos frascos vacíos de "Veronal", que propiciaron su muerte.

Eça de Queiroz radiografió con cruda ironía y sus famosas "Farpas" toda la desnudez e hipocresía de la sociedad portuguesa de su tiempo. Fue destinado, ya que resultaba incómodo, a Inglaterra como diplomático y su regreso lo hizo en ataud.

Pessoa sucumbió en cirrosis hepática motivada por el agua ardiente -Bagaço- y gran celebridad. Camilo Castelo Branco, Cândida Branca Flor, Antero de Quental, Mário de Sá-Carneiro siguieron los pasos de Florbela Espanca suicidándose.

Saramago, por contra, combatió en vida y pedía más tiempo a la vida, desde su auto exilio y balsa de piedra ibérica en Lanzarote, como consecuencia del veto de un sub secretario de el actual Presidente de la República, Cavaco Silva, que apostilló que nunca darían un premio literario a un comunista, en un país donde la credibilidad y la imaginería religiosa estaba teñida y revestida de lágrimas de cerdos, como más tarde aseveraría un laboratorio.

Nunca dejó de ser português, tal y como refiere un libro que escribió y no se nombra: "Viaje a Portugal", "A quien me abrió puertas y me mostró caminos -y también en recuerdo de Almeida Garret, maestro de viajeros-.

¡Eterna Saudade!


Mario-islero

1 comentario:

Sr.Atrapao dijo...

ahhh que grande Saramago.
Me quedo con dos frases suyas que intento tener siempre presentes

- ¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a Marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?

- Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran.