jueves, 3 de junio de 2010

Rebeldes.

-"Los hombres vienen y van, pero la tierra permanece"
Eclesiastés, 1, 4


Todavía quedan ciertos rituales del pasado que los ancianos se empeñan en mantener y los jóvenes, que nunca interiorizarán el por qué de estos caprichos, ejecutan más por obligación que por placer. Cash es un joven que recién a comenzado a trabajar en la mina y pese a su inexperiencia comprende que, ante todo, está la obligación que ha contraído con su comunidad por el simple hecho de nacer, por el simple hecho de existir. Una obligación que le lleva a realizar los rituales del día de la Liberación como el resto de sus hermanos.

En la mina el trabajo es monótono y sencillo, dos cualidades que a Cash le producen una inmensa tranquilidad; saber que cada día, al inicio de su jornada se encontrará justo lo que él espera que suceda, porque es lo mismo que hizo ayer y antes de ayer, le conforta. No hay sorpresas, no hay traumas, no hay conflictos en su labor.

Llevan ya dos horas de jornada y Cash ya ha empezado a divagar, su mente vuela por historias y ensoñaciones, por eso le gusta su trabajo, porque le permite imaginar historias mientras lo realiza. Viajes a lugares en los que nunca ha estado, viajes a lugares en los que ha estado pero que no ha vivido aquello que desearía haber vivido. En ocasiones se siente un cobarde por no poner en práctica sus deseos, pero cree que precisamente eso es lo que le da la capacidad para imaginar, el no vivir sus aventuras, si no el perderse en ellas en sus pensamientos y en cómo podría haber sido.

Hash observa a su hermano de sangre desde unos metros y Cash puede sentir cómo de su gemelo un aura de desprecio emana hacia él. Si Cash es conformista y fantasioso su mellizo es el negativo de él.

Hash llevaba mucho tiempo confraternizando con un sector que se empezaba a oponer a las tradiciones de los ancianos con pequeños actos de rebeldía y el más importante de ellos sería hoy, a la hora del acto para celebrar el dia de la Liberación.

Sonó la campana que anunciaba la hora del descanso y los dos hermanos, junto con tres compañeros más, fueron hacia el comedor. Sentados en las mesas guardaron un instante de silencio, apenas unos segundos, pero todos supieron que ese breve mutismo ocultaba una intriga. -"A las doce y media es la hora a la que los ancianos han decidido que se haga el ritual". Dijo Valma, la más locuaz de ellos mientras comenzaba a quitar guisantes de su sándwich de pollo con verduras. Vixt, que observaba cómo ella desgranaba su aperitivo continuó la conversación; -"Valma, si no te gustan los guisantes ¿por qué te los pones en el bocadillo?". Ella sin dejar de quitar los últimos granos verdes le respondió -"No estamos hablando de eso, estamos hablando de si a las doce y media haremos lo que habíamos planeado". -"Si, claro, lo haremos" dijo Hash de manera cortante tratando de evitar una estúpida discusión entre Vixt y Valma. -"¿Cuánta gente nos seguirá?" dijo Blaure mientras sus ojos saltaban de uno a otro de sus compañeros tratando de buscar complicidad en ellos, -"Quiero decir, que si no nos sigue mucha gente mejor dejarlo, no es cuestión de ser los únicos idiotas que vayan a hacer el idiota" Cash habló por primera vez -"No puedes decir idiota dos veces en la misma frase, queda raro", Blaure, que estaba sentado al lado de Cash se giró hacia él; -"Lo siento su majestad, en vez de idiota querría decir..., estúpido" Cash notó cómo dijo esta últma palabra mientras le miraba a los ojos, sabía que acababa de llamarle de manera encubierta "estúpido" a él. Cash obvió el comentario y dejó que su hermano tomara la palabra. -"Ya está bien de conversaciones estúpidas" dijo Hash tomando el control del grupo. Hemos decidido que nosotros cinco lo haremos a la hora del ritual. Cada uno de nosotros hemos hablado con más gente y de ellos depende de si nos seguirán o no. - ¿Y si no nos siguen? interrumpió Blaure. -"Pues si no lo hacen es decisión de ellos". -"Lo harán" estoy segura de ello. Con esta última frase de Valma Hash sintió una sensación de seguridad que, por algún motivo, le hizo creer que todo saldría bien, que todo iba a merecer la pena.

La campana del fin del descanso sonó y cada una de las personas que estaba en el comendor volvió a su trabajo. Ahora sólo restaba esperar a las doce y media.

Una vez de vuelta en sus puestos todos comenzaron su trabajo. La mina contaba con un total de doscientos treinta y cuatro trabajadores. La iniciativa partió de Hash y esté fue diseminando su idea ante todos sus compañeros. Bastaría con que la mitad de ellos le siguiera como para que el día de la Liberación quedara marcado por esa rebelión. Pero no estaba seguro de ello. Hash contabacon Valma y Vixt, de Blaure no estaba seguro y de su hermano casí podía decir que no lo haría, aunque fuera el único al que respetaría por ello por el simple hecho se ser su hermano de sangre.

La jornada transcurrió con la rutina habital, esa que a Cash le reconfortaba y que a su mellizo le repugnaba tanto. Apenas quedaban cinco minutos para el acto y vientisiete luces verdes, como su fueran los reflejos de un espejo, se proyectaron en el techo de la fábrica. Esas luces simbolizaban a los ancianos y se verían en todas las minas del planeta en ese mismo instante. Las luces comenzaron a observar a sus trabajadores mientras muy lejos de allí, sus cuerpos hablaban sobre los tiempos pasados, los presentes y los venideros. Hash miró a esas luces de reojo. Esas luces simbolizaban un conformismo, una pasividad que él no podía tolerar. Los ancianos les obligaban a hacer actos que les borraba su auténtica identidad. Como el trabajar en una mina que no hacía si no extraer roca inútil a la superficie, o ingerir alimentos que no necesitaban para subsistir, o aparearse entre ellos cuando era un acto estéril en todos los sentidos. Esos ancianos querían convertirlos en un reflejo de aquello que les estuvo dominando. El día de la Liberación es un día para celebrar su identidad, no para celebrar que cada vez son más como sus antiguos amos.

Hash miró a sus tres amigos y todos asintieron con la cabeza -"Al menos seremos cuatro" pensó Hash. Cash no pudo mirar a su gemelo y éste no quiso saber qué pesaba su imagitivo mellizo. La sorpresa era una de las cosas que a Hash más le reconfortaban en su vida.

Apenas quedaban unos segundos para el ritual del día de la Liberación y todos en la mina ya estaban preparándose. Tres, dos, uno, y una campana sonó en la mina.

Los doscientos treinta y cuatro trabajadores de la mina dejaron sus quehaceres y comenzaron con el protocolo del acto. Las doscientas treinta y cuatro máquinas comenzaron a mandar impulsos a su ordenador central para que tomaran humedad del entorno. Ésta humedad fue filtrándose por el látex que imitaba la piel humana. Un sistema de nanomáquinas transportó esa humedad por el cuerpo hasta depositarla en unos huecos habilitados en la frente. Cuando las doscientas treinta y cuatro máquinas movieron toda esa humedad la dejaron salir poco a poco. Los ancianos observaron complacidos cómo sus creaciones imitaban aquel acto humano que sus antiguos amos, los hombres, tanto reverenciaban. -"Te ganarás el pan con el sudor de tu frente" dijeron las veintisiete luces verdes en el techo de la mina. Hash, con la frente teñida de sudor, vió a sus tres compañeros y éstos le devolvieron la mirada. -"Al menos seremos cuatro" volvió a pensar para tranquilizarse. Una segunda campana sonó y doscientas treinta máquinas se llevaron la mano al bolsillo y sacaron de él un pañuelo de tela con el que se secaron su artificial sudor. Trescientas treinta máquinas comenzaron a secarse el sudor con el pañuelo de tela, excepto cuatro de ellas, que extrajeron de sus bolsillos pequeños trozos de bronce doblados y rígidos que imitaban la forma de un pañuelo de tela arrugado. Esas cuatro máquinas rebeldes comenzaron a retirar el sudor de su frente con estos pedazos de bronce demostrando así que son máquinas, no humanos. Que no van a ocultar su condición. Las luces verdes del techo parpadearon un instante, un parpadeo que inidicaba un debate interno que cesó en menos de un segundo. Habían llegado a un acuerdo. -"Cuatro máquinas no podían ser rebeldes", esa fue la sentencia.

Los agentes de seguridad se llevaron a Hash, Valma, Vixt y Blaure. Cash miraba cómo su mellizo era conducido junto con sus compañeros fuera de las instalaciones mientras él escondía el pañuelo rígido de bronce en su bolsillo.

1 comentario:

Sr.Atrapao dijo...

Robots soñadores, mola el concepto. Sobre todo en contraposición a los húmanos, cada vez alienados con sus trabajos monotonos de robots.

Sinceramente creo que veamos robots haciendo nuestro curro, es demasido caro. Cada vez que veo los avances en elos informativos del salón de la robotica me descojono.