"Jesusito de mi vida, eres niño como yo, por eso te quiero tanto que te doy mi corazón. Tómalo, tuyo es, mío no". Poesía litúrgica infantil. Se arrancó el corazón con la mano izquierda, lo colocó en la bandeja y, rociándolo con gasolina rascó la cabeza de una cerilla con su mano y lo quemó. Esperó a que no quedaran mas que cenizas en el redondo metal y, una vez el fuego extinto, aspiró las motas de lo que fue su órgano. Sintió cómo pasaba por su nariz, viajaba por sus pulmones, se espandía por los bronquios y llegaba hasta la última vena de su sangre. Pero ya no es su corazón. Ni es un corazón quemado. Es algo más. Ella no supo bien si hacer lo mismo. Observaba desde la cama cómo su amante terminaba de toser los últimos restos del polvo aspirado. Los ojos de él lloraban las lágrimas de la asfixia, como los que regaban la madrágora. La mujer se mesó el pelo, hundió sus manos en sus mejillas, o al revés, y buscó en el pecho su corazón. Estuvo un tiempo apartando costillas, teji...
La carrera comenzó y una vaporosa hada agitó magia con su varita espantando al Dragón que le entorpecía el camino. Dos enanos, con una perfecta coreografía, la zancadillearon para que luego un caballero andante les apartara de su camino levantándolos del suelo a ambos sólo con uno de sus brazos. Y cuando el guerrero llegaba a la meta una ráfaga de azul metal, echando fuego como un cohete, le sobrepasó en un segundo. -¡"Papá, léeme un cuento". La niña levantó el enorme libro lleno de narraciones infantiles hacia el regazo de su padre. Éste lo abrió por una página al azar; "El robot veloz" se llamaba. ¿Cómo es posible que siempre le salga este cuento el primero?
Por si llevábais mes y medio viviendo en una cueva o si os habéis desconectado de todo cual controlador aéreo en huelga, quiero recordaros que en apenas dos días el 2010, año de vino y rosas, se marcha para no volver. La gente, y por gente me refiero vosotros ya que yo soy de otra pasta, suele hacer en estas fechas una suerte de lista de deseos, propósitos y/o enmiendas para cumplir en el año que inauguramos. Creo que en mis 35 años jamás he hecho una lista semejante porque, entre otros motivos, me conozco lo suficiente como para saber que no la cumpliré. Y ya puede tener la lista algo tan obvio como, "respirar todos los dias unas cuantas veces por minuto" que buscaré la manera de no cumplirlo. No es por testarudez, es porque me gusta no hacer aquello que de mi se espera. Es una cruz, lo se, pero lo llevo bastante bien. El caso es que he pensado que puede que el problema radique en que sea yo quien haga la lista y tenga que delegar en otra persona ese extraño reto. Podría per...
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Lo peor es que no es la única versión india de superman