sábado, 9 de octubre de 2010

Bajo la cama.

-"Los cuentos de hadas superan la realidad no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que pueden ser vencidos".
G.K. Chesterton.

David pudo sentir desde la cama de su recién estrenada habitación, los gritos de miedo de su hermano pequeño. Entró en el cuarto y vió la figura de Víctor cubierta por la manta, usando las sábanas como un escudo contra el peligro. -"¿Qué te ocurre?" le dijo a su hermano mientras se iba acercando a su cama. -"Tengo miedo, no me gusta dormir solo". -·"¿Y de qué tienes miedo?". Todavía si salir de su improvisada cueva de sábanas Víctor dijo en voz muy baja; -"De los monstruos".
Apenas cinco años de diferencia les separaban, cinco años que en los adultos es un instante y en los niños toda una vida. Víctor ya no creía en los reyes magos, ni en Papá Noël, ni en que los padres eran esas personas infalibles que tienen la solución para todos los problemas. El hermano mayor estaba ya pagando el precio de la madurez, mientras que Víctor todavía podía disfrutar de la ingenuidad y fantasía de la infancia, aunque eso significase pagar ciertos tributos, como el miedo a lo desconocido; a tener una imaginación que no puedes controlar, que crea mundos y seres aun cuando no lo deseas.

Se sentó en la cama, puso su mano sobre las mantas para que Víctor le sintiera y se fuera tranquilizando. Esperó hasta que la cara del pequeño empezó a asomar por fuera de su escudo. -"No deberías tener miedo de los monstruos", dijo David en cuanto vio los ojos de su hermano. -"Mamá dice que los monstruos no existen, que bajo mi cama no hay nada, pero en cuanto me meto y espero un poco siento que hay algo debajo que espera a que me duerma para hacerme algo malo". -"¿Y cómo es el monstruo que hay bajo tu cama?" David puso un rostro de fingido interés. -"Es verde, con manos peludas, colmillos y orejas puntiagudas". -"¿Y qué es lo que hace una vez que te duermes?" -"Me tira del pelo, me muerde las piernas y hace que tenga pesadillas. Un día me comerá un brazo, o no lo sé, pero no me gusta, me asusta. Quiero que duermas en esta habitación conmigo otra vez, no quiero que te vayas". David vio que su hermano no sólo tenía miedo al monstruo así pensó que era hora de contarle un secreto. Cerró la puerta del dormitorio y encendió la luz de la mesita de noche. Con la claridad de la lámpara Víctor se atrevió a destaparse y abandonar su cueva de mantas. El mayor volvió a sentarse sobre la cama.
-"¿Sabes una cosa? Cuando mamá dice que los monstruos no existen..., bueno, está equivocada, los monstruos existen. De hecho cuando dormía en esta habitación contigo yo también sentía al monstruo?". Los ojos de de Víctor se abrían de par en par mientras iba asimilando las palabras de su hermano. -"¿Entonces hay de verdad alguien bajo mi cama?", David asintió con su cabeza. -"¿Y ahora no está escuchando?", -"No, ahora no nos oye. Cuando enciendes la luz desaparece, pero cuando la apagas es cuando vuelve y planea cómo meterse en tus sueños y volverlos pesadillas". Victor miraba a uno y otro lado de la habitación buscando ayuda pero sabía que la información que le estaba dando su hermano era demasiado demoledora como para que nadie pudiera salvarle . -"Entonces, ¿cómo puedo dormir sin que me ataque?". -"Bueno, hay un truco para ello. Es un secreto que aprendí", -"¿Cuál es? ¡Dímelo!". -"Vale, pero hazme un hueco en tu cama". Víctor se destapó y su hermano se acostó con él poniéndose a su espalda. Ambos miraban hacia la pared en la que se encontraba la puerta. -"Mira, este es el secreto. Un monstruo no tiene miedo de la gente, ni de los padres, ni de nada más que de una cosa", -"¿De cuál?" -"Ellos temen a los protectores. Un protector es un ser que estará contigo durante toda la noche y vigilará al monstruo para que no te haga nada". -"¿Y cómo es el protector", -"Pues puede ser un perro grande, un tigre, una serpiente, o lo que tú quieras que sea. Mira esto". David estiró su mano con el índice extendido, -"¿Ves mi mano?", Víctor atendía a cada palabra que le decía su hermano sin apenas parpadear. -"Pues lo que tienes que hacer es dibujar sobre la pared a tu protector. Yo dibujaba a una serpiente grande, se llamaba Finito. A , por ejemplo, voy a dibujarte a un perro grande". David movió el brazo con el dedo estirado. Garabateaba en el aire un dibujo que era imposible de seguir mientras decía, -"Aquí está el hocico. Y aquí le ponemos el rabo. Vamos a dibujarle dos colmillos grandes, pero no temas, que contigo será un perro muy cariñoso. ¿Qué nombre quieres ponerle?" -"Bob" dijo el pequeño sin pensarlo. -"Vale, pues aquí le dibujamos el collar con el nombre de Bob en él". Terminado el dibujo con el brazo, el pequeño miraba a la pared. -"¿Ves al perro Víctor?", -"Si" respondió rápidamente. -"Pues ahora es tu protector para esta noche". -"¿Y mañana estará también?", -"Sí claro, pero tienes que dibujarlo de nuevo. O si lo prefieres también puedes dibujar a otro. Puedes dibujar una espada, otro animal, un gigante, lo que tú quieras". -"No, este me gusta, quiero a Bob". -"Vale, pero ahora dibuja a otro protector, como es tu primera noche igual Bob necesita ayuda" -"No, Bob puede con el monstruo, seguro". -"¿De verdad? bueno, como quieras, ahora que ya tienes quien te cuide me voy a la cama ¿vale?. Mañana me cuentas".

Víctor, que estaba demasiado embelesado mirando a su nueva mascota imaginando cómo sería el color de su pelo, sus ojos, y todos los detalles que su imaginación ya estaba llenando, no se percató de que David se había levantado de la cama y se dirigía a la puerta. Víctor apagó la luz de su mesilla y se tapó con las sábanas, pero esta vez no se ocultó entre ellas. Una vez en la puerta David observó a la pared en la que había dibujado al perro y, con un gesto de duda, garabateó otro dibujo con su mano. El movimiento sinuoso y muy ensayado de su brazo hacia ver que no era la primera vez que lo hacía. Sobre la pared, y junto a Bob, David creó a su serpiente Finito. Una vez terminado el dibujo susurró -"Finito te ayudará esta noche Bob".
Cerró la puerta y dejó a Víctor dormido.

Bajo la cama una mano verde y peluda, no se atrevía a salir. Esa maldita serpiente le vigilaba de nuevo, y ahora iba acompañada de un perro feroz.


7 comentarios:

patri-cia dijo...

Los cuentos para niños siempre engañan para no asustar.
Los monstruos sí que existen; Un día te presento a los están a mi lado en cada momento...

Puck dijo...

Lo que me he perdido por no tener hermanos :-) Esta noche pongo a prueba mis dotes para crear anti-monstruos. Saludillos
P.D. Cuidado, que el monstruo de la cama se ha comido algunas letras

Chocolat Soul dijo...

Creo que te van a contratar para las noches familiares acostando a los niños en la cama. "Venga rápido, es la hora del cuentoooooo". xD

Javi dijo...

Patri-cia; hasta los cuentos para adultos engañan para no asustar. Puedes presentarme a tus monstruos cuando quieras, a mí los malos siempre me han parecido entrañables.

Puck; durante un tiempo mi hermano era el "monstruo" nocturno que me hacía cosquillas en sueños. Este monstruo no se traga las letras, tan solo las mastica y luego las escupe.

Chocolat; es que estoy practicando para contar los cuentos a mis sobrinos cuando sean mayores. Antes contaba cuentos para luego ir a la cama, ahora será ir a la cama y contar cuentos. Qué cosas.

Samotracia dijo...

¡Me ha encantado! Los únicos monstruos que me gustan son los de Monstruos S.A., jeje.
Contar cuentos a los sobrinos es una de las experiencias más fantásticas para alguien que disfruta contando historias.
¡Espero que la disfrutes a tope cuando llegue el momento!

moonlight dijo...

mira, será que tengo el dia raro, pero creo que es de los post que más me han gustado... aix, quiero que me cuenten cuentos antes de irme a dormir!

Artistalight dijo...

Que bonito :) a veces extraño a la infancia, cuando eramos seres inocentes llenos de fantasía, gracias por revelarnos el secreto para contener a los monstruos :)