sábado, 5 de diciembre de 2009

La gripe A no es para tanto, una patada en las pelotas duele mas.

Estoy en una sala con tres chicas con mascarillas y me piden que me desnude de cintura para arriba. Yo, que soy tímido, lo hago con sumisión mientras una de ellas me coloca una pinza en el dedo para medir mi ritmo cardíaco, otra me coloca un termómetro en la axila izquierda y la tercera me toma la tensión en el brazo que me queda libre. -"¿Estas nervioso?" me dice la mascarilla morena con pelo liso, tienes el pulso a ciento cuarenta. Se me pasan varios comentarios graciosos pero los dejo aparcados porque me duele la cabeza tanto que el proceso que he de realizar para articularlos con la fluidez que requieren es demasiado para mi en ese momento. Me limito a decir, -"Siempre que me piden que me desnude me pongo nervioso, será por las comparaciones".

El caso es que tengo fiebre, el pulso alto y la tensión disparada, pero por lo demás nada del otro jueves; un gripazo en toda regla. Llevaba días con dolor muscular, pero como soy muy machote seguía yendo al trabajo, el sábado me dolía la cabeza tanto que casi me saco el cerebro por la nariz y lo meto en agua fría. Cuando voy a Burgos un fin de semana suelo tener un día de malestar cerebral porque mi madre, a la que quiero mas que a nadie en el mundo, me ponen la cabeza como un bombo de feria. No se si es por el tono, el parloteo continuo que sale de sus labios, o porque soy incapaza de seguir su conversación, pero cuando terminamos de comer me siento con ella en la sala de estar y rezo para que ese día no esté especialmente parlanchina. La culpa la tiene mi padre que desde que se jubiló se ha vuelto más callado y apocado obligando a mi madre a retener sus palabras como una presa retiene el agua y a soltarlas cuando unos oídos familiares están cerca como... bueno, como una presa rota suelta el agua.

Pero me desvío del tema. El caso es que el sábado me dolía la cabeza y el domingo ya estaba bien, lo que en un tío significa que ya estoy curado de toda enfermedad y que no tengo que ir al médico porque mi inacción ha sido más útil que los consejos de alguien que ha estudiado diez años de carrera. Así que los dos paracetamoles que me tomé en cuarenta y ocho horas no fueron suficientes para que el martes por la tarde me tuviera que ir del trabajo a urgencias con 38,5 de fiebre. A mi lo de la gripe A me parece una estafa farmacéutica porque mi progresión ha sido la siguiente;

Sábado dolor de cabeza
Domingo dolor muscular
Lunes nada, para que luego digan que es el peor día de la semana.
Martes, fiebre y taquicardias, pero soportable
Miércoles, picos de fiebre y cansancio.
Jueves, más cansancio que ningún día pero sin fiebre. Paradojas.
Viernes, sábado, domingo y lunes, mocos, mocos a todas horas. Mencionad un tono de verde y seguro que entre algunos de los pañuelos que tengo en la papelera habrá un moco con ese color.

Es decir, que esto es una gripe de las de toda la vida, aunque en esta ocasión ha diferido en un detalle, en un matiz. Cierto que esta es la Gripe A, pero A de Amor.

El jueves fui a mi médica, o médico, que nunca me queda muy claro estas cosas. Me cambié del médico que tenía a otro porque me hacía esperar tres horas para atenderme. La doctora que tengo en estos momentos me gusta. Es agradable pero no maja, escueta pero no parca, directa pero no fría; estos son valores que aprecio en un profesional de la medicina. El caso es que cuando entré en consulta la doctora de unos cincuenta y tantos años largos se había convertido en una pelirroja con gafas y camiseta con escote de puntilla un poco inapropiado. Pero guapa, con esa cara de estudiante que se acaba de levantar para estudiar un poco antes del examen. Me examina, le cuento mi vida, mi vida de griposo claro, y me marcho, pero antes de hacerlo pongo a prueba un truco que aprendí hace tiempo y que aunque no siempre funciona, suele ser un gran indicador.
Cuando fumaba Ducados era complicado encontrar una chica que compartiera esa afición por la marca negra de tabaco, pero cuando hablaba con una chica en un momento dado me decía -"¿Me das un Ducados, a ver qué tal está?" el cien por cien de las veces significaba que todo iba bien, bien, bien. Pero como ahora no fumo la técnica varía a, cuando abandonas una conversación con una chica, o ella se va un momento al baño, a la barra o a donde sea, me gusta en ese instante mantener la mirada en sus ojos. Si hay reciprocidad en la misma vamos bien. Esto no funciona tan bien como lo de los cigarros, pero bueno, todo sea por la salud.
Mientras abandono la consulta veo que ella me sonríe al darle yo las gracias y cuando me giro para cerrar la puerta por fuera ella mientras se acerca al megáfono para llamar al siguiente levanta la mirada, la miro, cierro y ella sigue mirándome. No está mal para alguien con 37,5 de fiebre.

El viernes por la mañana aprovecho para ir a la caja y recoger mi tarjeta de crédito. Es la caja donde tengo la hipoteca y aunque la tengo a cien metros de casa llevo dos meses sin ir a por ella porque soy un vago redomado. Me acerco al mostrador y una chica con acento me atiende. Solicito mi tarjeta y oh! sorpresa, no sólo encuentra en un cajetín la tarjeta para repostar gasolina, pero no la de crédito porque ¡oh, sorpresa! mi apellido "del Hoyo" suele dar lugar a confusiones, así que sugiero que la busque en la D. Es como ir a una tienda de música y buscar a "La oreja de Van Gohg" en la L junto a Los Inhumanos y La dama se esconde. Mientras me da la segunda tarjeta que, efectivamente se encontraba allí le digo si es de Bilbao, cuando tiene un claro acento del sur, ella se ríe y hablamos del tiempo de Madrid, yo le cuento mis batallas sobre el clima de Burgos y ambos reímos las anécdotas del otro. En un momento dado toso y ella me dice -"¿No será gripe A, verdad"?, le respondo que no y me da pena mentirla tan pronto. -"Sólo he tenido desde que vivo en Madrid una vez gripe y lo único bueno que tuvo fue que perdí cinco kilos" me dice ella con una risilla nerviosa. Tengo que matizar que ese día me compré un jersey y una chaqueta nueva y cuando llevo algo recién comprado, no me digáis porqué, me siento especialmente elegante y guapo. Me acerco un poco más al mostrador y le digo -"¿Perdiste cinco kilos y te quedaste como estás ahora o como estás ahora además perdiste cinco kilos?", un poco abrumaba ante la frase y tras unos segundos responde, -"Como estaba ahora perdí cinco kilos, luego los recuperé", -"Ah, vale" matizo con falsa preocupación, -"Porque no deberías perder más peso, ya estás muy bien como se te ve ahora". Sonríe pero sin reírse y busca mi tarjeta de crédito en el cajetín, la levanto entre mis dedos indicándola que ya me la había dado y ella sonríe por el despiste. Firmo todos los papeles y me despido.

-"Que pases un buen día y vuelve cuando quieras" me dice ella mientras recoge los papeles con mis firmas, -"Tengo veinticinco años de hipoteca en los que seguro que volveré".

No la miro a los ojos cuando cierro la puerta.

6 comentarios:

patri-cia dijo...

¿Una médico hermosa y agradable y una cajera simpática?
Esto me hace temer que tuvieras la Gripe A de Alucinación.

Equipo biofrutas dijo...

escribe usted maravillosamente bien, amigo Mefalta, nos hemos leído su blog y le vamos a poner un link en nuestro humilde blog de tetas si a usted no le parece mal.

un saludo
El Equipo Biofrutas

moonlight dijo...

mmm, me da a mi que tanta chica guapa se debe a la fiebre alta... ;)

El Catódico Errante dijo...

Siempre has tenido un don, aunque lo niegues una y otra vez.

Javi es una de esas personas que cuando estás con ella charlando en un bar de madrugada; en ese breve instante en el que te giras para mirar al camarero, cruzas con éste la mirada, levantas con un gesto la cabeza, se acerca y le dices "dos Barceló con cola"... al volver a tu plácida conversación, tu amigo está riendo y hablando animadamente con una "pava" a la cual no conocéis de nada...

Siempre has tenido encanto con las mujeres... ¡Cabrón!

Sr.Atrapao dijo...

Mi ultimo médico estiro su dedo indice y se echo tres kilos de lubricante alredor del mismo.

Lo siguiente que recuerdo es humillación, y que cague es su madre, a él no le gustó, pero a mi tampoco.

No nos volvimos a hablar, de hecho llevo 2 semanas con otitis pero me resisto a ir al médico. No lo quiero volver a ver, si siquiera cruzarnos por el pasillo.

Srta.Marta dijo...

ya lo dicen, que mientras no tengas otro tipo de complicación por enfermedad crónica o esas cosas, es como otra gripe cualquiera, que yo las "normales" las he pasado jodidas jodidas con 40 y pico de fiebre y sin poder menearme.

Feliz Año.