Me punza una bola.
Me duele tanto la cabeza que no tengo ni un solo motivo para no hacerlo. Al fin y al cabo es algo que siempre he deseado hacer. Busco la zona por la que parece más fácil penetrar, voy palpando con la mano y cuando encuentro un punto más blando que los anteriores dejo el índice de la siniestra en marcando el lugar. El taladro ya está enchufado, un peligro porque es uno de esos taladros antiguos que basta con conectarlo a la corriente para que con un simple roce en el gatillo la broca gire con peligro. En esta ocasión no hay problema ya que esa es la cuestión; que la broca gire con peligro. Siento un dolor palpitante sobre la ceja derecha, un dolor conocido que sólo puedo calmar clavando el pulgar sobre ella hasta que un chasquido recorre mi cráneo. Hacer esto duele más que el dolor que me provoca el querer hacerlo, pero me calma durante unos minutos. Muchas veces he pensado que cuando tengo estos dolores de cabeza desearía meter mi cerebro en agua fría, acaricarlo, rasparlo y volver a m...