miércoles, 22 de julio de 2009

Musa

Puedo sentir las historias con tan solo pensar en ellas. Adoro oir todos los susurros que se cuentan los amantes al oído y los cuentos que las madres sonríen a sus hijos para calmarles en sus enfermedades, cuando pienso en ellos en ese instante. No me dejo amedrentar por las veces en las que mi trabajo fue lanzado al vacío o guardado en un cajón. No olvides que soy vanidosa, muy vanidosa. De nada sirve mi trabajo si éste no es compartido, visto y juzgado por cuantos más ojos mejor. Por eso no me gusta verle dormido, cansado, aburrido, cuando sé que es capaz de darle forma a mis suspiros, cuando se que puede bailar con la música que escuchamos cuando vestimos nuestros zapatos de baile. Cada vez que le visito juro que será la última vez, juro que en esta ocasión tendrá que ser él quien me demuestre que lo merece, que se ha ganado la visita de su Musa, de su Inspiración.

Nunca supo ir a la cama a dormir, por ello se quedaba dormido en el sofá viendo la tele para horas después irse a la cama ya dormido. Por eso despertaba cada día con la misma ropa de ayer y las gafas puestas, esas gafas que aún se sorprendía de no haber roto por la mala costumbre de dormir con ellas.
Me gusta ver cómo se despiertan las personas porque es el proceso de la creación para la creación. Se despiertan informes, cansados, encogidos, desorientados, para poco a poco ir estirando sus músculos, refrescando sus gargantas, alimentando sus cuerpos y ordenando sus ideas. Una vez ese proceso de renacimiento diario, pueden empezar a crear. Pero él no, él no sabe disfrutar de esa cataris cotidiana, de ese proceso natural de nacer diario y separando apenas una pequeña parte de cortina, observa através del cristal a la gente en la calle durante unos segundos. Y sonríe.

En ocasiones desearía saber qué es lo que hacen las personas conmigo. Quisiera saber si de mi trabajo moldean piedras, mezclan colores en telas, retuercen hierros, levantan hogares, unen letras en cuentos imposibles, o cualquiera de esas infinitas cosas que hacen las personas. Pero ver esas cosas nos está vetado, y mis ojos sólo ven nieblas más allá de las personas. Aun así no me importa imaginar, las Musas también tenemos imaginación para nosotras mismas, y por eso me gusta imaginarme con él, cogidos de la mano mientras le susurro eternamente al oído todas las historias que he sentido, todos los cuentos que he visto, todos los sueños que he auscultado. Y él da forma a esos sentimientos y los comparte, y los observan, y los alaban. Yo le nutro de lo intangible y él da forma a esas historias. Sueño con todo eso mientras le miro y pienso si merece la pena que esté aquí y ahora con él, que ha desaprovechado todas mis historias, que ha ignorado todos mis susurros, que nunca ha encontrado ojos con los que compartir sus obras. Si no hace nada de lo que deseo ¿por qué pierdo el tiempo contemplando cómo sus ojos gastados miran tras una ventana la vida de los demás? ¿Acaso encuentra más inspiración en las vidas de esas hormigas que en mi trabajo? Si así es, si ese es su deseo entonces no debería perder mi tiempo con él.
Hubiéramos sido dos amantes, dos amigos, dos artistas que podrían haber conquistado el mundo. Pero tu no lo quisiste, no olvido que no eres mas que una persona. Ni un beso, ni un susurro de despedida, hoy no te doy nada, ya no verás en mi nada mas. No esperaré a que dejes de mirar por el cristal, observa a tus inspiraciones, a tus nuevas amantes. Adiós.

David se acercó a la ventana y separando apenas una pequeña parte de cortina, observa através del cristal a la gente en la calle durante unos minutos. Y sonríe. Se acerca al lienzo y comienza a dibujar a la derecha del mismo su silueta, la ventana de doble hoja, la cortina que ha separado. Dibuja su imagen mirando por la ventana vista desde detrás de él, y en el reflejo del cristal que su cuerpo no ocupaba una imagen, la de una mujer besándole en el oído, casi susurrándole, apoyando sus manos en su hombro.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Que dura es la vida de las Musas. Si fuesen comprendidas, si se reconociera el papel tan importante que juega su cálido aliento en el oído de su protegido, no necesitaríamos la carne caliente, lo tangible, lo humano para dar forma a los pensamientos, ellas solas se bastarían. Pero, entonces; dónde tendrían eco sus actos?, si ellas por sí mismas no existen.
Aún asi, que poco se las valora a veces cuando son ellas quienes sufren los dolores del parto.
En el fondo las musas son conscientes de su papel. Ellas lo dan todo sin esperar nada a cambio. Es cierto que a veces se van, pues se sienten agraviadas ante aquellos que no saben apreciar cuanto les ha sido dado, por aquellos que han perdido las ganas de crear, las ganas de vivir en definitiva, y que se limitan a observar timidamente, tras la cortina viendo la vida pasar, unas vidas que no son la suya, por que no tienen vida.
Pero, como el roce hace el cariño, es casi seguro que volverán. Volverán porque su existencia no tiene sentido sin su pupilo que al fin y al cabo, mortal como es, es su creador.

Anónimo dijo...

(L)

Sr.Atrapao dijo...

Cuando las musas son tangibles, son seres fascinantes, venerados, requeridos, deseados...
Cuando las musas son tangibles hay que luchar por conquistar su corazón, pues no hay nada mejor que dormir con nuestra musa y hacerla feliz.
Cuando las musas son tangibles, no hay que desaprovechar el momento y lanzarse al vacio.
Cuando las musas son tangibles nace el amor.

Chocolat Soul dijo...

Que bonito, bendita inspiración! Ha valido la pena tantos días de aislamiento para que volviera a visitarte tu propia musa...?

Me encanta esta frase: 'es capaz de darle forma a mis suspiros, cuando se que puede bailar con la música que escuchamos cuando vestimos nuestros zapatos de baile'.

Bufón Cósmico dijo...

La Musa és siempre una excusa.

Mu bonico!