miércoles, 29 de julio de 2009

En calzones

Ángel me mira tras sus legañas sin saber qué decirme hasta que le oigo exclamar; -"Tio, ¿me vas a contar qué haces llamando a mi casa a las cinco de la mañana y con estas pintas?" Podría llorar, pero no lo hago, podría contarle la historia, pero ahora sólo quiero fumarme este porro y terminar con uno de ellos lo que él ha provocado. Me pasa un porro que ya tenía hecho y se enciende él un cigarrillo; debe pensar que las cinco de la mañana de un miércoles es mala hora para hacerlo. Y lleva razón.

Hace tiempo que no fumo porros. Me gusta la palabra "porro" porque es uno de los últimos resquicios que han sobrevivido de la generación de los 80, aunque ahora insistan en que vuelvan las hombreras. No les fumo desde que tras un día de intenso ritmo, me dejó con un bajón de tensión durante horas. Y os aseguro que es una sensación de lo menos agradable. Ahora no procede detallar esa historia, basta con decir que comer azúcar a cucharadas no ayuda cuando tu tensión ha caído hace ya unas horas. Hace unas semanas me fui a Granada, tierra querida por mi. El sur me desagrada por esa extraña manía que tiene la gente de estar constantemente feliz y por ese acento del sur que hace que, hasta el más aburrido de ellos, suene gracioso. Rompo una lanza por Eugenio, chistócrata catalán que elevó tan pijo acento hasta el punto de vendérnoslo como divertido. El caso es que me quedé en Granada en casa de la novia del primo de la novia de un amigo (cada día me parezco más a mi madre con estas cadenas de parentescos imposibles) En realidad la casa no es en Granada, mas bien en un pueblo a unos cuatro kilómetros de la capital, pero no os lo digo porque no estoy seguro de cómo se escribe y porque no me apetece buscarlo en Google. Ángel, mi amigo, y Valeria, su novia, viven en una urbanización a las afueras del pueblo y el piso de Berta y Miguel está en el centro del mismo. Como Ángel no tiene una habitación libre en su casa, me buscaron alojamiento gratis. Su primo y novia estában fuera del pueblo y accedieron gustosos a dejarme el piso bajo la condición de que no orinase en ningún lugar que no fuera el baño, y a ser posible en la taza. Esto tiene una explicación que se remonta a años atrás y que, curiosamente, los porros son de nuevo los protagonistas. Así que una vez que quedé con Ángel y su novia y nos pusimos de cañas y tapas hasta el ojete me llevaron al piso y me dieron las llaves y quedaron con ir a buscarme por la mañana. Nos despedimos, eran las tres de la noche. Un plan sencillo.

Tenía toda la casa para mi, podría chafardear por donde quisiera, pero no lo iba a hacer porque estaba un poco borracho y sólo quería meterme en la cama y dormir, ya que llevaba todo el día en pie y el viaje de un millón de horas de autobús me había dejado frito. He de decir que duermo sin calzoncillos, un dato importante. Durante unos minutos pienso si dormir en la cama o en el sofá. Si lo hago en la cama luego tendré que hacerla o al menos quitar las sábanas al marcharme, y no me apetecía. Si lo hacía en el sofá bastaría con no vomitar en él. Mientras me lo pienso veo sobre la mesa de la sala de estar una bombonera de estrafalarios colores y yo, que tengo alma de urraca, no puedo evitar el abrirla para ver qué contiene. En realidad os he mentido, sí que estuve cotilleando por el piso al poco de entrar en él.

-"¿Estamos contentos Vincent?" Esa es la frase que vino a mi cabeza cuando vi su interior.Tengo, o tenía, cierta predilección por según qué drogas. Como pertenece todo al pasado no voy a detallarlas, tan sólo diré que la marihuana era mi debilidad. Esos cogollos verdes y vivos de flores muertas e inimitable aroma me volvía loco. Nada de hachís aceitoso, ni mucho menos apaleados o polen sin sabor. La marihuana granadina es fantástica, sólo comparable con una que se cultiva al norte, cerca de los pirineos. En fin, que había varias bolsas de marihuana y, casi con toda seguridad, era de la zona. Y si no lo era me daba igual, cuando abrí la bolsa y vi su aroma...Por respeto a estar en una casa ajena no me comporté como si estuviera en la mía, es decir, llevaba puestos sólo unos calzoncillos. Digamos que estaba en el punto intermedio que va de "quitarse la ropa" a "ponerme el pijama". Así que unos gallumbos con motivos de Batman (regalo de mi cuñada) se aferraban desde mi cintura. Pensé durante unos instantes si hacerme un porro o no. La verdad es que pasé grandes momentos en Granada fumado y, aunque todo eso lo tengo ya aparcado, pensé que esta era una de esas situaciones irrepetibles; solo en una casa extraña, un poco borracho, contento y con marihuana. No lo pensé mas y me lié uno.

Ni qué decir tiene que mis manos no habían perdido su gran habilidad para liarlos, es decir; ninguna, y tras romper varios papeles logré liar uno que al no desafiar las leyes de la física ni de la ingeniería no se desmontó y pude fumarlo. Quienes han fumado saben lo que es que un porro te siente bien. No hablo de ver dragones ni mucho menos, hablo de estar tranquilo, sosegado, en paz. Me abrí una cerveza y me puse la tele. Cuando terminé me lié otro mas y un tercero por si luego ya no estaba en condiciones de hacerlo. Qué hierba más buena, todavía se le notaba el sabor a verde, a fresco. Una hora después, cuando apagaba entre nieblas en tercer porro sostuve entre mis ya densas manos la bolsa pensando que iba a dejar en ella veinte euros por los gastos, mucho mas de lo que había fumado pero no quería que se enfadaran por quitarles marihuana. Cuando le di la vuelta a la bolsa vi una pegatina con un texto en ella. Ponía "White Widow".

-"Vaya" pensé -"No tenía que haber echado tanto..."

Estoy en el rellano y voy a cerrar la puerta de la casa. Voy a salir a comprar el pan, me gusta desayunar pan. Pan solo, pan seco, pan tostado, pan con mermelada, pan con tomate, pan, pan, pan. Me gusta el olor a pan cuando la panadería acaba de abrir, cuando eran las siete de la mañana y volvía a casa de fiesta y compraba pan a mis padres. Pan recién hecho. Pan blanco, pan de centeno, pan en torta, pan en hogaza. Casi puedo oler el pan que voy a comprar en la panadería. Pero todavía no es de día. Mientras la puerta se cierra miro mis piernas, mi pecho desnudo, mis calzoncillos de Batman. La puerta se cierra. -"¡No, no!" He cerrado la puerta de la casa, no tengo las llaves y estoy en calzoncillos. Me entra una risa tonta y se me pasa el pedo en un instante. Empujo la puerta por si fuera posible que de ayer a hoy haya generado mi cuerpo una superfuerza. No lo ha hecho, nunca lo hace. Digo "mierda" tantas veces que hasta empiezo a olerla. Me siento en las escaleras. Pienso en qué ha podido pasar, pero tampoco es tan difícil averiguarlo. Me he fumado, me ha dado por salir y mi cerebro, haciendo un acopio de fuerzas, me ha despertado a tiempo para ver en primera fila la catástrofe. Deben de ser las cuatro de la mañana, me quedan lo menos tres horas para que los vecinos, que no conozco, se despierten y me pillen aquí. No tengo el móvil, y no me se el número de Ángel porque los malditos teléfonos móviles ya memorizan los números por mi. Y aunque lo supiera tampoco me metí monedas en el ojete hoy y no llevo dinero encima, por lo que no puedo llamar desde ninguna cabina Pienso si es posible entrar por la ventana, pero no veo cómo. Sólo me queda una solución, salir a la calle de este pueblo y andar los tres kilómetros que hay desde este piso hasta el chalét de Ángel. Y rezar para que nadie me vea.

Estoy descalzo y en calzoncillos, no lo olvidéis. Afortunadamente es miércoles y no hay vida por las calles. Me oriento y a dios gracias sigo el rumbo sin rodeos. Me aparto de las calles y busco un camino. Cuando llevo un rato me encuentro bastante bien, hace calor y el bajón se me está pasando. Noto que el calor vuelve a mi cuerpo y si no fuera porque tengo que mirar dónde piso no sea que mis pies atraviesen algún cristal y se me hagan más heridas, porque en ese instante ya los tengo destrozados. También voy descalzo. De repente me doy cuenta de que estoy en un pueblo con una ganadería en activo, es decir, que hay ovejas. Por lo que a unos cientos de metros veo a un montón de ovejas en mitad del camino. Me quedo quieto observando a ver si veo al pastor. Que una oveja me vea así tiene un pase, pero si un pastor me descubre de esta guisa a menos de diez metros de una de ellas... no quiero ni pensarlo.






Mientras me quedo quieto llegan cada vez más ovejas y considero las opciones. Si las rodeo tardaré muchísimo mas en llegar y si las atravieso, amén de tener que andar desnudo entre ellas, corro el riesgo de que alguien me vea. Opto por atravesar el rebaño, al fin y al cabo si alguien me ve puede a) llamar a la poli; que al menos me darán una manta, y b) darme una paliza, y al menos así podré dormir. Atravieso el rebaño, las ovejas no se asustan de mi, debe ser la primera vez que ven a estas horas a alguien así, si no ya habrían huído, seguro. Voy abriéndome paso por ellas mientras pienso en qué hacer si viene el pastor. No sabría decirle si estoy así por las ovejas, por el, o por ambas. El grupo de ovejas se hace cada vez más y mas nutrido. Empiezo a pensar que las que he ido dejando atrás se ponen delante para hacerme el camino más difícil, igual es que les he gustado, igual son ellas las que me acosan a mi. Parece que no voy a salir nunca de ellas, me agobio y hasta tropiezo cayéndome entre ellas. Me levanto rápidamente esperando no darme con la cabeza la hacerlo con ninguna de estos estúpidos animales. Corro apartándolas y por fín salgo. No miro atrás y ya veo la casa de Ángel.

Ángel me dijo que antes de que llegara le despertó el perro que ya había sentido mi presencia. Cuando abre la puerta y me ve en calzoncillos, con los pies destrozados y oliendo a mierda de oveja no supo qué decir. -"Hazte un porro para ti y otro para mi y te cuento lo que ha pasado" Me siento en el sofá y Ángel me mira sin saber qué decirme. Me pasa un porro que ya tenía hecho y se enciende él un cigarrillo, debe pensar que las cinco de la mañana de un miércoles es mala hora para hacerlo. Y lleva razón.




4 comentarios:

Sr.Atrapao dijo...

ahhhhhhhhh Granada
ahhhhhhhhh withe widow
ahhhhhhhhh que bien sabe todo después
ahhhhhhhhh que felicidad vivir en gallumbos
ahhhhhhhhh Calipo A

Te has superado, a partir de hoy eres todavía más mi mejor amigo. Te abrazaría incluso en calzones...

PD: No sabes como lamento de aquel día que quedamos para ver Calipo A y te deje plantado, por una mujer con la que nunca llegué a nada.

¡Ya está, YA ESTOY EN CALZONES!

Bufón Cósmico dijo...

Ains los porros.

Esos calzoncillos con motivos de Batman, pregunta donde se consiguen! XD

Chocolat Soul dijo...

Jajajajajajajaja me encanta esta historia! No se si es real o inventada pero todo es posible... los porros molan, para estar solo o acompañado... eso si, estando solo pueden jugarte malas pasadas como cerrar puertas y dejartelo todo dentro!

Venga, liate uno y te cuento lo que me pasó a mi un día.... xDDDD

El Catódico Errante dijo...

Doy fé que es real, con alguna licencia literaria, pero real.
¡DIOS! ¡Había que verle los pies!