jueves, 14 de mayo de 2009

On a night like this

Salía un payaso en la tele, y no eran los Payasos de la Tele con “P” mayúscula y “T” mayúscula. Era un payaso normal, un payasete que diría cualquiera, y de su mano una niña cantaba con el. La infante era Ana Belén y el payaso se fundió con el color sepia del ayer. Tiempo después descubrí que la película se llamaba “Pelusa”, aunque eso poco me importaba.
Me gusta pasear solo y eso es algo que no siempre comprende bien una pareja. Si decís que deseais intimidad un tiempo os comprenderán, pero si la materializáis en algo como dar paseos solitarios, y máxime si son paseos nocturnos, veréis cómo un labio arrugado con una punta hacia el cielo y otra al infierno os pone a prueba. Aunque en pocas cosas soy tan inflexible como en esto, el tiempo me ha enseñado a mimetizar mis deseos con los de la gente que amo y/o/y-o me aman.
Cuando ando por la calle de noche siempre sentía algo diferente. La misma calle que de día, el mismo suelo que de día, las mismas tiendas que de día, pero no es como de día.
La noche tiene algo y aunque algunos digan que es el silencio, la intimidad o la complicidad, no son los adjetivos apropiados. ¿Por que dicen que “la noche es cómplice” cuando en toda mi vida nunca he tenido más cómplice a mi mismo? No, no es la noche. Creo que uno puede ser un notable nactílope sin esperar a que se ponga el sol.

En las pequeñas ciudades encontraréis la verdad.

Tenía un amigo con el que solía quedar para compartir esos paseos. Siempre dije que nunca olvidaría esas noches con él hasta el día en que se me olvidaron unas cuantas. Como éramos menores de edad y aunque nuestros padres coincidieran fuera de la ciudad y el toque de queda se extinguiese, no íbamos de bares.
Sencillamente paseábamos y hablábamos. No se, de todo, hablábamos como habla la gente en la cama con las luces apagadas, como si hablaran solas. En una de esas noches decidimos que un día, aunque dejásemos de tener contacto por el paso del tiempo, nos llamaríamos por teléfono, un miércoles mismo, y nos iríamos andando hasta León. ¿Y por que León? Por ningún motivo, porque si.
En esas noches dejé de fumar y volví a hacerlo, prometí leer a Neruda y olvidar las rimas infames de Los Romeos. Eran como las promesas de los borrachos, pero sin estar bebidos, promesas más auténticas y por lo tanto más efímeras.
Otra noche fue, de las más tristes y bonitas de mi vida, cuando una chica con la que estaba me dejó. Días después coincidimos por la calle y empezamos a pasear hasta que nos dieron las tantas de la mañana. Estuvimos hablando sin parar y por primera vez en mi vida, aunque me duela reconocerlo, mi boca creó una frase de las de cliché -”Ojalá esta noche no acabe nunca” Esa noche aprendí que tarde o temprano sería cada vez más y más, carne de estereotipo. Y que cada vez, tarde o temprano, sería cada vez más tarde y más temprano.

Es cierto cuando dices que en un principio yo me refería a las noches de paseos íntimos y personales y las que cuento son de paseos compartidos. Cierto. Pero si no divago un poco no arranco a escribir. La mujer que me enseñó a Leer y a Escribir, con “L” mayúscula y “E” mayúscula, me decía que escribo como bebo, empezando con cervezas para acabar con tequilas.

Las noches solitarias no siempre son noches en las que estoy solo. ¿Quién no ha vuelto de la casa de una chica o chico que ha conocido esa misma noche y después de estar con el o ella, en el sentido bíblico, ha vuelto a casa solo y de noche? En mi caso podría considerarme el maldito amo de la cuidad. Aunque no es realmente la sensación que me producen los paseos nocturnos “auténticos” Cuando paseo de noche, solo, porque me apetece, sin pensar en nadie mas que en mi mismo o ni tan siquiera pensando en mi mismo, siento lo que sentía y cantaba Ana Belén en “Pelusa” Un día volví a casa cantando -”Toda la ciudad es mía/esta noche/ toda la gran vía es mía / esta noche /.../”
De noche la ciudad es mía. No la comparto con nadie, no cedo un centímetro de las aceras contigo. Es mía, me pertenece y como tal la disfruto con infantil perplejidad. Y me siento en las glorietas, y salto desde los coches, y trepo por las paredes y bailo con las estatuas y me duermo en un portal.

No se porqué siento esa extraña euforia nocturna pero siempre he vivido así. Un compañero de trabajo me dijo una vez si nací de noche, porque de ahí podrían venir mis desarreglos con el sueño. Le dije que no, nací a las 8 de la tarde, pero es que igual debí nacer en otro continente. Entre mis horarios cambiados, mi falta de sueño y la maldita alergia estoy que no puedo pegar ojo. Voy a poner la tele un poco más alta a ver si despierto a mi compañera de piso y me cuenta algo para que me entre el sueño.

Otro día prometo ser más divertido, pero es que el insonmio me pone de mala leche y ya sabéis, si mala es la vaca...

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