domingo, 10 de mayo de 2009

La vida es un gasss

Nunca he provocado las situaciones, pero siempre han venido a mi. Así es. Pero alegraros, si no fuera por estos momentos no tendría nada que escribir.

Mi ritual al levantarme es, comer chocolate, cigarro, beber zumo, ducha, cigarro, café con leche con una cantidad no definida pero definible de galletas y cigarro. La combinación de café y tabaco es suficiente para que mi compañera de piso, con la que últimamente coincido al levantarme, desaloje el baño por miedo a mis represalias. Mi esfínter no resiste mucha tensión.

Ella desayuna cereales, cada vez que la veo desayunar recuerdo a De Niro en "Taxi Driver", cualquier día acabará igual, echándose vodzka en el desayuno. Sus cereales hacen que tenga un tracto intestinal más regulado, menos agresivo que el mío, pero desde luego os puedo asegurar que pese a que la chica es bastante fina y dulce no caga margaritas. El ambientador del baño lo paga ella íntegro. Pero el sábado no pude ir al baño tras el desayuno, salía para Ávila de visita
familiar. Hace como un porrón de tiempo que no veo a mi hermana. Odio a mi hermana,
mi padre dice que ella también me odia, y hasta donde el recuerda creo que no siente mas que odio hacia nosotros dos. El odio es mas fuerte que el amor, el odio puede durar eternamente, el amor eterno dura tan solo un poco menos que el capricho.

El caso es que sin ir al baño monté en el coche y puse rumbo a Ávila. Puse un cd de música variada que contenía música y pistas de audio de una película. Llamadme pervertido, degenerado o abyecto, pero resulta interesante conducir escuchando el audio de una película porno. Es como escuchar el rumor de las olas del mar, si las olas hicieran felaciones y pidieran más, y más, y más, y más...

Cuando llevaba unos kilómetros sentía molestias en el estómago, creo que el café estaba demasiado cargado, pero no quería parar porque estaba haciendo un buen tiempo y quería llegar a Salamanca pronto para que mi hermana y yo tuviéramos tiempo suficiente para insultarnos sin prisas. Así que aguanté.

Un pedo, todo normal, dos pedos, empezaba a preocuparme. Tres pedos, esto no puede ser bueno, cuatro pedos, joder, joder, joder. Existe la teoria de que los que suenan no huelen y los que huelen no suenan. Los primeros fueron sonoros. Los siguentes no.

Cuatro, cinco, seis, siete, diecinueve. Era inaudito. Creía que me iba a envasar al vacío, ¿Por donde entra tanto aire? Debería parar, podría parar, el olor no era normal, era extraño, no natural pese a que saliera de mi. Existe también el dicho de que los pedos solo los aguanta su dueño. Ese día descubrí que es falso.

Repudiaba la paternidad de esa obra.

Pero me resistía a parar pese a que nunca me llegaba a acostumbrar al olor. Cuando pasas mucho tiempo en una habitación que huele mal al cabo de un rato ya no percibes el olor porque te haces a el. Pero en mi caso no podía porque tan pronto como se iba el primero volvía otro con renovado vigor y ansias de matar.
Así que me lo tomé como un reto, a ver cuánto podía aguantar sin bajar las ventanillas ni dar el aire. Era como uno de esos retos adolescentes, como cuando apostábamos cuántas veces podíamos masturbarnos en 24 horas.

Siete veces.

Una hora después ya no me importaba nada. No solo ya no me importaban los pedos,
me daba igual el hambre en el mundo, la paz en Irak, el terrorismo y la mierda de mi trabajo. Este gas es alucinógeno, igual es que me estoy limpiando por dentro y expulso todo lo que he ido ingiriendo durante estos años de narcoamor. Procuro no encender ningún cigarrillo por miedo a que el coche explote por el gas que juraría que era verde y casi con densidad.

En uno de esos momentos de metano-felicidad veo un coche de la guardia civil en la distancia, parado en el arcén. Me hace señas para que vaya deteniéndome. Y por supuesto me detengo. Asi lo hago.

Era una furgoneta y fuera habían dos guardia civiles. Golpea el crital y bajo la ventanilla. Entonces ocurrió. El guardia civil comenzó su discurso

-"Hola
buenos días, estamos haciendo una inspección de vehículos para detectar droga"

El
aire del coche salió alegremente a conocer el aire del mundo exterior, ese aire del que tanto había oído hablar y que no podía creer que existiera. Pero antes de que saliera hacia su periplo impactó en el rostro del picoleto. Noto que el guardia civil se calla un momento. Tose. Continúa hablando. -"¿Podría decirnos si lleva (tose) si lleva (tose de nuevo) si lleva drogas en su coche?". -"No, claro que no, en estos momentos no llevo nada". Pone cara de disgusto. -"Esto..., eh..., ¿le importaría que inspeccionáramos su vehículo?", -"No, claro que no, adelante". Y me bajo del coche. La verdad es que me daba rabia el haber ventilado el interior porque mi juego se acababa de ir al traste. Pero valió la pena lo que vi. Mientras estaba en el arcén me fumé un par de cigarros mientras:

El guardia civil asoma la cabeza dentro
La saca en 3 segundos
Vuelve a meterla
Vuelve a sacarla
Llama a su compañero
Entra por la otra puerta
Sale en 3 segundos
Ambos tosen y me miran
Yo les miro y no toso
Van a la furgoneta y entran para salir medio minuto después
Salen dos guardia civiles y me miran cabreados
Entran y salen (3 segundos)
Entran y salen (5 segundos)
Salen los dos de antes
Abren todas las puertas del coche
Entra uno y ve que no puede aguantar dentro y sale de nuevo

Creo que en todo este tiempo lo único que pudieron inspeccionar fue el cenicero el cual hace unos días arrojé a la cabeza de un amigo. Lo cual fue una suerte porque estaba lleno de colillas de porros.

-"Oiga" me dice el guardia civil. -"Eh..., me ha dicho que no lleva drogas en el coche ¿verdad?"

-"Claro" respondí. Si le hubiera dicho que si las llevaba igual hubiera dado, no creo que hubieran tenido estómago para buscarlas. Podría haber llevado una fábrica de coca en el maletero con 5 colombianos que no hubieran podido aguantar el encontrarla.

-"Bueno, pues ya puede marcharse"

-"¿Le importa si espero un momento con ustedes a que el coche se ventile?"

Me mira. Me mira. Y me sigue mirando.

-"No puede estar aquí"

Así que me acerco al coche y noto que ciertamente huele mal. Abro la guantera, saco un ambientador y rocio todo el coche con el, monto, arranco y me piro.

Por el retrovisor veo que el guardia civil dice algo que no quiero saber que es.

Cuando llego a Ávila veo a mi hermana. Nos vamos a comer, nos ponemos a parir y luego nos vamos de cañas. Horas después montamos en el coche.

-"Joder Joaquín, ¿a quien has matado? Huele de pena en este coche, te voy a regalar un ambientador"

-"No te molestes" le dije "Este olor es lo mejor del mundo"

2 comentarios:

amantesdeloabsurdo dijo...

Si señor, por fin has sacado todo lo que llebavas dentro de ti, para parir un relato digno o indigno, de esos que dan asquete a la mitad la población y hacer disfrutar al gremio de sonanbulos, macarras, yonquis, colgaos, campechanos, y gentuza en general.

Me ha encantado la parte de la guardia civil, jejejejejejeje, es como si lo hubiera vivido te lo juro.

yo,lamiss dijo...

Gases? guardia civil? ¡pero qué peste de blog! jaaja ¡Bienvenido!